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Buh-bye Baby weight!

Ayer me decidí a bajar de peso. Es tiempo. Por meses me estuve escudando en el hecho de que “acababa de tener un bebé” y que iba a ir a mi paso. Esa excusa caducó en el momento en que mi hijo cumplió un año y yo sigo casi del mismo tamaño de cuando nació. No es que no lo haya intentado; me dieron de alta al mes de la cesárea y comencé a dejar de comer tantas porquerías…una donita menos al día quizá hiciera la diferencia. A los dos meses me inscribí al gimnasio y fui un total de 8 veces pues estaba exhausta del trabajo y las desveladas y ese cansancio se hacía menor si comía pan y azúcar. A los 5 meses me puse a dieta porque quería entrar en un vestido que tenía para el bautizo de Leo, perdí un total de 6 kilos y sí, entré. Aún con esos kilos de menos sigo con 7 arriba y se notan…y gacho.

¿Cómo empezar?

Pues bueno, cortar azucares y panes me pareció la mejor idea, aunque la más trágica ya que son parte de mi vida y me encantan.

¿Ir al gimnasio? No hay mucho tiempo y tener que buscar quién cuide a Leo es un poco complicado, entonces me inscribí a un programa en línea con videos para hacer ejercicio en la comodidad de tu casa. Ayer fue el “D-Day”.

En serio, ¿cómo le hacen las personas para ejercitarse con niños chiquitos? Dejé a Leo dentro de su gimnasio y le puse play al video. Comenzamos. “Knees up, C’mon you can do it”. I was doing it. “There you go! You want a six-pack, it will cost you”. Entre todas las porras que me echaba Jillian Michaels escuché que alguien más me hablaba a mis pies. Leo, sentado junto a mí quería que lo cargara.

-Espérame tantito, cielo, estoy ocupada.

-NANA!!!!

-Voy, me faltan dos sentadillas, espérame tantito.

-No

-Cielo, aguanta, sólo una más.

-NA-NA!!!!

Justo tocó el momento de hacer pesas. Lo cargué y lo utilicé para hacer algunos levantamientos que mostraban con unas pesas de 1 kilo…Leo pesa 11. Cuando tocó hacer abdominales en el piso lo puse de nuevo en su gimnasio y me acosté en el tapete de yoga. 1, 2, 3 abdominales, jalón de pelo…alguien se salió del gimnasio y le llamó la atención la pinza de pelo en mi cabeza. 4, 5, 6 abdominales y adiós aire…Leo se dejó caer en mi panza muerto de risa. “Bú, Nana”.

Cabe aclarar que no me rendí y 30 minutos después (que se sintieron como 2 horas) estaba terminando mi calentamiento con Leo trepado en mi espalda, sin pinza en la cabeza y sólo un tennis. Creo que así acaban los que corren el maratón con zombies.

Ahora, sin pretextos mentales me tendré que enfrentar a los retos físicos. Ya veremos si los logro superar.


 

LET'S TAKE IT TO THE NEXT LEVEL!

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