Hay días en los que siento que ya no puedo más. Días en los que miro el reloj y ya son las 10:00 p.m. y yo todavía tengo una lista de cosas por hacer, una vez más no me rindió el día. Esos días me pongo a pensar cómo era mi vida antes de estar embarazada, cuando era soltera y mis obligaciones se resumían a las del trabajo. Me despertaba en las mañanas, iba al gimnasio, al trabajo y cuando llegaba podía acostarme y dormirme o salir con mis amigas; si se me antojaba hacer de comer, hacía, y si no el cereal sabía igual de bueno; lavaba ropa cuando quería y limpiaba la casa cuando me armaba de valor. Ahora no. Ahora mis obligaciones son fuera y dentro de la casa y hay veces que 24 horas no son suficientes para poder terminar todo.
Hay días como hoy en los que siento que no es suficiente todo lo que hago y a la vez me ahogo entre las cosas que quiero hacer. 5 minutos sola significan demasiado: en 5 minutos logro echar ropa a lavar, doblar la que salió de la secadora, poner a cocer el pollo, barrer la sala y comedor, arreglar los juguetes de Leo y hasta tiempo de actualizar mi agenda. Pero…esos 5 milagrosos minutos sola son demasiado escasos en el día.
Hay días en los que me cachó pensando la frase que mil veces escuché a mi mamá decir: “¿Qué harían sin mí?” y la complemento con “Si me fuera un día entero, la casa se caería”. ¿Será? ¿Será que sí es necesario todo lo que hago? ¿Será que el desorden ganaría y que todo estaría mal? Me gusta pensar que sí, que todo lo que hago es por el bien de todos y que es vital para la convivencia familiar. Sé que es vital para mí y mi estado de ánimo el saber que di lo mejor de mí en el día, pero en días como hoy dudo si tanto esfuerzo es necesario.
¿Cuándo volveré a tener 5 minutos sola? ¿Cuándo estará en orden la casa? ¿Cuándo podré sentir que fue suficiente? Tantas y tantas preguntas en mi cabeza y no hay suficiente tiempo para contestarlas. Algún día miraré hacia atrás y sonreiré al pensar en estos días. Mientras, espero con ansias el siguiente momento a solas.