Una de las decisiones que tuve que tomar cuando me enteré de que estaba embarazada fue si casarme o no. Sí, me embaracé antes de casarme. No fue fácil decirle a mi familia, tampoco lo fue el lidiar con miradas de desaprobación de extraños, pero creo que lo peor fue recibir comentarios de lo difícil que iba a ser ser mamá soltera. "No seré mamá soltera, mi pareja estará ahí". A final de cuentas la palabra "pareja" tiene muy poco peso junto a la palabra "esposo" y si no estaba casada entonces estaba soltera. Pero el tener una pareja que le entra a la crianza y a los gastos al mismo nivel me convierte en una mamá no casada. Claro, desde el primer día me referí a Daniel como mi esposo, para evitar las explicaciones de que es mi pareja desde hace 7 años, vivimos juntos y es el padre de mi hijo pero no, no estamos casados.
Me crié en una familia tradicionalista y asistí desde 1º de Kinder a una escuela católica por lo que debí de haber sabido mejor que los hijos vienen después del matrimonio...o algo así me dijeron. No fue como yo me imaginé mi vida. La boda nunca fue para mí algo primordial por lo que decidimos seguir una vida en pareja mientras venía el bebé y después preocuparnos por casarnos. No es que no lo hayamos querido, sólo así se decidieron las cosas.
Qué difícil la tienen las madres solteras. No sólo es el hecho de tener que sacar adelante una casa, un trabajo y una personita, sino también el tener que estar consciente de que a cada momento de la vida la gente te señalará por una decisión, que por más difícil, no cambiarías. Qué pesado estar siempre pensando que tienes que dar explicaciones sobre el porqué hiciste lo que hiciste y siempre sentirte tonta por haber "metido la pata"; y no sólo es pensar que tienes que darlas, sino que la sociedad te exige una excusa de tu situación y tu falta de criterio para llegar hasta donde estás.
No voy a mentir que hubo ocasiones en las que llegué a sentir que valía menos que aquellas amigas que se casaban en una boda de 400 personas y tenían planes de viajar por el mundo antes de meterse en "broncas"; llegué a pensar que si me hubiera casado primero las cosas serían distintas, más sencillas. Pero ya con la mente clara puedo decir que no cambiaría nada, que vivo los mismos problemas y las mismas alegrías que un matrimonio y que tengo un mega plus que me hace luchar por ser una mejor pareja cada día que es un güerillo hermoso. No, no me arrepiento del orden en el que hice las cosas, no me arrepiento de haber sido una mamá no casada.